Por: Otto Morales Benítez*
Se
discutía en el Senado un proyecto relacionado con problemas de la realidad colombiana.
Intervinieron tres congresistas de Gran Caldas en el debate. Eran escritores y
oradores con mucha información literaria. Y, especialmente, con referencias a
Grecia y Roma. José Mar, un parlamentario de formación marxista, que tenía
vocación crítica sonreida, se levantó y dijo que nuestros paisanos habían
hablado con mucha elocuencia, pero que no se habían referido a los problemas
colombianos que se discutían en la propuesta. Pero, que, en cambio, habían
hecho grandes reminiscencias de las culturas griegas y latinas. Que podría
afirmarse que aparecía una generación de
grecolatinos. Así nació el nombre.
Al escribir, algunos de ellos utilizaban recursos literarios de esas viejas culturas. Varios eran escritores de alta estirpe. Quedan libros de ensayos, de análisis político, novelas y poesías de buena calificación estética. Pero sus imitadores tuvieron menos suerte. Se escribió contra estos sin señalar linderos, con pendencieros juicios.
El
hecho es que la actividad creadora de los primeros condujo a que en el Gran
Caldas siempre existiera una vocación cultural. Es una actitud de la
generalidad de sus habitantes, como ademán natural.
El Grupo de los Grecocaldenses aparece, casi simultáneamente, con la generación de Los Nuevos. Ambos trabajaron armados de materias literarias. Desde el punto político, tenían distancias doctrinarias profundas y en la literatura también. Los primeros –con otros de sus copartidarios jóvenes- lanzaron un Manifiesto Nacionalista en el cual llamaban la atención en cuanto a la necesidad de que las directivas de su partido realizaran tareas para renovar la ideologìa del conservatismo. Impulsaron también el gobierno con acciones reformadoras del pensamiento y de la acción sobre la realidad nacional, pues era evidente que no tenìan audiencia en la opinión colombiana.
A la vez, con Los Nuevos, buscaron cambiar el estilo literario, el tono y el alcance de la oratoria. Estaban ambos grupos sometidos a las mutaciones que aparecieron después del modernismo. A la vez, los “ismos” despertaban otros intereses en las estéticas literarias, artísticas, musicales, etcétera. En Colombia, ellos ejercieron poca influencia. Se recuerda que el único libro escrito obedeciendo esas normas fue del poeta Luis Vidales, “Suenan Timbres”.
El más destacado de los “grecocaldenses” es el maestro Silvio Villegas, hombre de alta cultura literaria y política, y quien hizo parte de los Leopardos. Cada uno de sus integrantes tenía una imaginación deslumbrante. Dejaron demasiadas frases caminando en la memoria de los escuchas, que las consideraban excesivas por la abundancia de adjetivos o de acrobacias verbales para referirse a cualquier suceso de la vida comùn.
El movimiento del “grecolatinismo”, lo señalan algunos, se debe a la influencia del padre Nazario Restrepo, un sacerdote culto y con mucha devoción por las letras que repartió preciosas y extravagantes figuras literarias, sin límites en la hipérbole, para despertar el interés cultural de los caldenses. El hecho que se puede anotar sin equívocos es que, en los caldenses, la palabra literaria sigue despertando vocaciones y teniendo su imperio.
_________________
Escritor
y Catedrático Caldense, nacido en Riosucio, ha publicado 125 libros, fue Ministro
de Agricultura y de Trabajo, Senador, Representante a la Cámara. Candidato a la
Presidencia de la República (1982), Alto Comisionado de Paz, Miembro de las
Academias de la Lengua, Historia y Jurisprudencia. Condecorado con la Gran Cruz
de Boyacá. Postulado al Premio Príncipe de Asturias. Fue Director del Partido Liberal Colombiano.



No hay comentarios:
Publicar un comentario